Pancho Villa
 
Expedición Mexicana: El Primer Escuadrón Aéreo en Persecución de Pancho Villa.
Por: HistoryNet.com
 
En que el General Brigadier John J. Pershing participara en la expedición mexicana de 1916, fue una experiencia de aprendizaje para el primer cuerpo aéreo del Ejército de los Estados Unidos—principalmente en relación a sus deficiencias. Por Gary Glynn

El joven piloto preocupado voló al sur, profundo en territorio hostil, navegando por las estrellas. Bajo las alas de tela de su Curtiss JN-3 “Jenny” la obscuridad ya había cubierto el panorama poco familiar del norte de México. El Teniente Edgar S. Gorrell nunca antes había volado de noche y su motor estaba sobrecalentado.

El vuelo se había iniciado con mala suerte desde el principio, Las preparaciones de prevuelo consumieron más tiempo que el previsto, así que los ocho aviones del 1er Escuadrón Aéreo no despegaron sino hasta muy tarde en Marzo 19 de 1916. No mucho después de que volaron hacia el sur desde Columbus, Nuevo México, el Teniente Walter G. Kilner regresó con problemas de motor.

Los errores de navegación contribuyeron a los problemas del Escuadrón. Cada avión llevaba un diferente tipo de compás y los aviadores estaban equipados con mapas inadecuados. Solamente un aviador, Teniente Townsend F. Dodd, había realizado anteriormente un vuelo nocturno. Después de que el sol se puso detrás de la Sierra Madre, Gorrel perdió de vista a sus compañeros pilotos y continuó solo. Finalmente totalmente perdido, Gorrel viró y se dirigió otra vez al norte, pero su avión había alcanzado el límite de su alcance. Con el motor a punto de rendirse, el joven piloto trajo su inutilizado avión a un difícil pero exitoso aterrizaje a la luz de la luna.

Gorrel sabía que aún se encontraba muy dentro de territorio enemigo – territorio ocupado por los fuertemente armados jinetes seguidores del General mexicano Revolucionario Francisco “Pancho” Villa (el nombre asumido por Doroteo Arango). Sacó su pistola calibre .45, abandonó su avión y se escabulló en la oscuridad. El primer viaje de Gorrell dentro del norte de México fue típico de la suerte que le esperaba a los pilotos de 1er Escuadrón Aéreo, la única unidad Americana en volar en combate antes de la Primera Guerra Mundial.

El estallido de la Primera Guerra Mundial durante el verano de 1914, primero reveló lo inadecuado del programa Americano de aviación militar. Cuando estalló la guerra, todo la fuerza aérea consistía de 12 oficiales, 54 hombres y seis aviones. Al mismo tiempo, docenas de tripulantes británicos, franceses y alemanes peleaban diariamente sobre las trincheras del Frente Occidental. Aunque el número de hombres y aviones de los USA se triplicó para el siguiente año, y posteriormente otra vez se triplicó, el 1er Escuadrón Aéreo se mantuvo como la única unidad aérea operacional hasta 1917.

El escuadrón fue organizado en Septiembre de 1914 y primero estuvo basado en North Island, San Diego. Pero en Marzo de 1915, cinco pilotos, 30 hombres y tres aviones habían sido enviados a Galveston, Texas, en respuesta a las tensiones a lo largo de la frontera México-US. Todo el escuadrón fue transferido a Fort Sill. Okla., En donde a los pilotos se les entregaron ocho Curtiss JN-2 y se les encargó que aprendieran observación de artillería antiaérea.

Poco después de llegar a Fort Sill, dos aviones y cuatro pilotos fueron transferidos a Brownsville, Texas. Fue ahí, el 26 de Agosto de 1915, que los tripulantes por primera vez tomaron posesión de sus nuevos aviones. Los Tenientes J.C. Morrow y B.Q. Jones encontraron turbulencia a 1 100 pies y sus Jenny sorpresivamente cayeron 200 pies. Los sacudidos aviadores se las arreglaron para llevar sus aviones hasta 4 500 pies pero encontraron que era extremadamente difícil de controlar. En un vuelo subsecuente, Morrow y su observador quedaron mal heridos cuando su JN-2 picó abruptamente durante un despegue y se hizo pedazos contra el suelo.

El resto del escuadrón también trató con sus JN-2 y los encontraron menos que satisfactorios. El piloto R.B. Sutton quedó muy mal herido y su observador (que se sentaba en el asiento delantero) murió durante un vuelo. Después de ese accidente, los oficiales de artillería de Fort Sill categóricamente se rehusaban a volar en los JN-2 excepto durante una “guerra y en caso de absoluta necesidad”.

Los mecánicos en Columbus reemplazaron el motor del avión de Kilner a la mañana siguiente y él lo voló a Casas Grandes sin incidentes. Después de aterrizar con sorpresa encontró que era el primero en llegar. Entonces volvió a despegar y voló 10 millas hacia el cuartel general de Pershing en Colonia Dublan, donde Foulois y los otros tres que habían aterrizado en Ascensión, pronto aparecieron. Willis caminó al día siguiente y se envió un destacamento para recuperar su avión. (A la expedición de rescate se le disparó pero finalmente recuperaron algunas partes del avión). Mientras tanto, Gorrell permanecía perdido.

Gorrell siguió tropezando en su camino hasta el alba, después de abandonar su avión en la oscuridad. Entonces se aproximó a un rancho aislado, tratando de robar un caballo. Pistola en mano, el aviador confrontó a un Mexicano a caballo. Gorrell le ofreció al aterrado hombre 8 dólares para que lo guiara hacia las tropas Americanas más cercanas. El guía no estaba nada ansioso, sabiendo que los hombres de Villa lo matarían si lo descubrían ayudando a un Americano, pero la pistola en la mano del joven piloto persuadió al Mexicano. Su poco dispuesto salvador llevó al tripulante hasta a unas 20 millas de una columna de caballería de los U.S. que se encontraba en Ascensión.

Gorrell descansó por algunas horas, luego pidió prestado un Ford sedan del 6th de Infantería de los U.S. Condujo de regreso hacia su dañado avión con combustible y aceite y se las arregló para encender el motor. Voló el avión 30 millas hacia el sur, hacia Ojo Federico, donde aterrizó cerca de un convoy de camiones Americanos. Recargó combustible, pero mientras taxeaba para despegar, su ala golpeó un barril de combustible. Una vez que estuvo en el aire, la tela del ala empezó a romperse. Gorrell bajó una vez más su avión y consiguió un “aventón” a Colonia Dublan, donde finalmente se volvió a reunir con su escuadrón. Dos días más tarde regresó a su avión, lo reparó y voló de regreso a su cuartel general.

Mientras Gorrell había estado deambulando a través del áspero terreno de Chihuahua, los otros pilotos del Primer Escuadrón Aéreo fueron asignados a localizar las tropas Americanas que avanzaban hacia el sur a lo largo del Ferrocarril del Noroeste. El Teniente Dodd, con Foulois en el asiento del observador, volaron hacia Paso Cumbre. Foulois reportó que “el avión empezó a encabritarse y a sacudirse violentamente en un cada vez mas turbulento aire. Mantuvimos la potencia tanto como fue posible y el motor fue forzado valientemente hasta su límite. Más adelante, la tierra se levantaba abruptamente frente a nosotros, entonces supe que tanto Dodd como yo queríamos completar la misión, habíamos alcanzado el cielo absoluto de nuestro avión. No tuvimos opción sino retornar a nuestro cuartel general y reportar nuestro fracaso”. Decepcionados, regresaron a Colonia Dublan.

Uno de los Jennys del escuadrón, piloteado por el Teniente Thomas Bowen, fue sorprendido ese mismo día por una racha de viento durante el despegue, haciendo que se estrellara, Bowen quedó herido y el Jenny destruido, dejando al escuadrón con solo seis aviones en operación (incluyendo el avión perdido de Gorrell). Durante los siguientes varios días, los tripulantes trataron otra vez de llevar a sus Jennys sobre las montañas, pero los motores de 100 hp no eran lo suficientemente potentes. Después de apenas unos días de operación, quedó claro que los JN-3s (los que habían sido diseñados como entrenadores) no podían volar sobre las montañas de 12 000 pies de altura, ni podían soportar las condiciones meteorológicas que prevalecían en el área, vientos arrachados, lluvia, granizo y nieve.

También había otros problemas con los aviones. Las llantas se hundían en la arena profunda y el aire seco y caliente rápidamente secaba los aviones de madera. Especialmente problemáticas fueron las hélices las cuales se delaminaban en el calor seco. Las hélices metálicas eran demasiado pesadas para los motores poco potentes y únicamente una hélice labrada con madera nativa demostró ser exitosa. Los pilotos pronto aprendieron a llevar una hélice de repuesto en cada misión, guardada en una caja con control de humedad, amarrada al lado del fuselaje.

Las noticias de los problemas del equipo del 1er Escuadrón Aéreo rápidamente se filtraron de regreso hacia el resto del país. Byron Utecht, un corresponsal del New York World que acompañaba a las fuerzas de Pershing, cita a Foulois cuando escribe que los tripulantes “arriesgaban su vida diez veces al día, pero no se les da el equipo que necesitan”. Utecht dijo que los pilotos culpaban a “la política, ambición personal y una completa falta de conocimiento de la aviación como responsable por la peligrosa y grave situación del 1er Escuadrón Aéreo”. El Teniente Herbert A. Dargue se le atribuye que dijo, “no es nada alejado de lo criminal el enviar a los aviadores bajo las condiciones que estamos encontrando aquí”.

Utecht, quién no había enviado al censor su trabajo, fue rápidamente sacado de México y Pershing, como inspector general, cuestionó a todos los oficiales del Escuadrón. Con un ojo en el progreso de sus carreras, los pilotos negaron lo que se les atribuía a ellos.

Los mecánicos del escuadrón—algunos de los cuales utilizaban motocicletas para llegar rápidamente a los aviones caídos—hicieron todo lo que pudieron para reforzar el uso de los Jennys en México, solo que había tanto que podía haber sido hecho. Después de varios intentos abortados de cruzar Paso Cumbre, el Primer Escuadrón aéreo se concentró en llevar el correo y despachos entre Columbus y las columnas que se movían hacia el sur dentro de México. En esta capacidad, el escuadrón probó ser exitoso.

Durante los últimos días de Marzo, los seis aviones restantes volaron aproximadamente 20 misiones con mensajes para las varias columnas al mando de Pershing. Los aviones se empezaron a movieron hacia Namiquipa el 1° de abril de 1916, donde volaron 19 misiones en un solo día sin problemas.

Foulois sabía que los aviones no podrían por más tiempo soportar los rigores de volar en el desierto y diseñó un plan para conservar los aviones remanentes. Sugirió que se estableciera un enlace radio telegráfico entre Casas Grandes y Namiquipa, y que las motocicletas fueran utilizadas para el tráfico de mensajes de rutina. Los aviones se reservarían para casos de emergencia. También solicitó 10 nuevos aviones que fueran capaces de un mejor desempeño en las adversas condiciones de México, pero fue informado que todos los aviones disponibles ya estaban con la expedición punitiva.

El 1er Escuadrón Aéreo recibió más camiones de transporte y personal, sin embargo, para Mayo 1° disfrutaba de 16 oficiales y 122 hombres reclutados. Aunque las fuerzas de Pershing se enfrentaron y derrotaron una fuerza grande de tropas de Villa en Parral, los aviadores no tuvieron participación en la acción, de hecho, aún no habían sido equipados con ningún tipo de armas ofensivas, más allá de rifles calibre .22 ó pistolas calibre .45, aunque ya habían sido ordenadas ametralladoras y bombas para equiparlos. (El escuadrón había recibido un cargamento de proyectiles de artillería de calibre 3” en Abril, pero ninguno de los aviadores sabía como usarlos como bombas aéreas.)

Previamente el Cuerpo de Señales ya había experimentado con miras de bombardeo, mecanismos para soltar las bombas y una variedad de explosivos aéreos, pero las pruebas habían sido abandonadas porque el General George P. Scriven, oficial en jefe de señales, “sintió” que los aviones deberían ser utilizados únicamente para reconocimientos. Muchos años después, Foulois de alguna manera arrepentido hizo notar que “el uso de los aviones como armas ofensivas.... fue contrario, por supuesto, a la política militar de ese tiempo.”

El escuadrón se movió hacia San Jerónimo en Abril 5. Justo un día después, el avión de Kilner aterrizó demasiado fuerte, arrancando una rueda. El JN-3 sufrió un “capoteo” y quedó destruido. El escuadrón quedó con cinco aviones en la víspera de la más importante y peligrosa misión. En Abril 7 de 1916, dos aviones despegaron y volaron desde San Jerónimo a Chihuahua. Uno fue piloteado por Dargue, con Foulois en el asiento de observador. Carberry estuvo a los controles del otro avión, acompañado de Dodd. Los dos aviones volaron a la Ciudad de Chihuahua con mensajes idénticos para Marion H. Letcher, cónsul Norteamericano en la Ciudad. Carberry aterrizó al norte de Chihuahua y Dodd se encargó de llevar el mensaje para Letcher, mientras Dargue aterrizó al sur de la Ciudad.

Foulois salió del avión y le ordenó a Dargue volar al norte para reunirse con Carberry. Foulois inició su camino hacia el centro de la ciudad, pero mientras el avión de Dargue ascendía, le dispararon cuatro jinetes de la Policía montada Mexicana, armados con rifles Winchester. Foulois escuchó los disparos (el primer ataque conocido contra un avión militar Norteamericano) e intervino. Los mexicanos dejaron de dispararle al avión, pero entrenaron sus armas contra Foulois, quién después del episodio dijo, “no había nada que yo pudiera hacer, sino poner las manos en alto.... y rezar.”

Rodeado por espectadores que gritaban “maten al gringo”, Foulois fue llevado a la cárcel.

Dargue y su avión no fueron dañados por los disparos y pocos minutos después aterrizó cerca del avión de Carberry, donde una multitud de enojados seguidores de Carranza se habían reunido. Los Mexicanos indignados por la incursión Norteamericana a su territorio, empezaron a vandalizar los dos aviones. Les hicieron agujeros a las alas con cigarros encendidos, cortaron la tela y quitaron algunas tuercas y tornillos de los aviones. Con desesperación, los dos pilotos encendieron sus motores.

La enfurecida multitud les lanzó rocas mientras los aviadores despegaban. Carberry se las arregló para volar a una fundidora propiedad de Norteamericanos distante seis millas, pero el avión de Dargue fue golpeado por una piedra que dañó el estabilizador y pudo bajar el avión sin sufrir daños adicionales, pero fue inmediatamente rodeado por la multitud hostil.

Mientras tanto, aún cuando había sido arrojado a la cárcel, Foulois consiguió contactar al Coronel Miranda del Ejército Mexicano, quién liberó al aviador y lo escoltó con el Gobernador Militar de Chihuahua, General Eulalio Gutiérrez. Este ordenó que una escolta de sus tropas ayudara a Foulois a encontrar a Dargue. Cuando llegaron, Dargue estaba haciendo su mejor esfuerzo para contener a la turba enojada, armado con no más que su ingenio y las manos vacías. El avión de Dargue fue reparado esa tarde y el de alguna manera, conmocionado aviador voló de regreso a San Jerónimo.

El incidente reveló la impopularidad de la intervención Norteamericana entre los Mexicanos de todas las filiaciones políticas. Realmente, los aviadores del 1er Escuadrón Aéreo sintieron el enojo de la población en más de una ocasión. Al día siguiente, Abril 8, los mexicanos les dispararon a Carberry y a Dodd mientras sobrevolaban Chihuahua. El Teniente Carlton G. Chapman hizo un aterrizaje forzado ese mismo día en Santa Rosalía, donde fue capturado por personas leales a Carranza. Finalmente fue liberado, pero no antes que los saqueadores robaran sus gafas de campo, goggles y municiones de su avión.

Las fuerzas de Carranza, dirigidas por el Ministro de Guerra Álvaro Obregón, inicialmente no resistieron a la intervención. Pero no pasó mucho antes que el Presidente Mexicano, un fuerte nacionalista, empezara a preocuparse más por la presencia Norteamericana en su país. Temeroso de que algunos de sus comandantes militares pudieran pasarse al lado Villista, Carranza empezó a demandar que los norteamericanos regresaran a su país.

Las tropas de Carranza resistieron a las fuerzas de Pershing en varias ocasiones. Uno de los peores enfrentamientos ocurrió el 12 de Abril de 1916 en Parral, cuando jinetes norteamericanos le dispararon a una multitud hostil de carrancistas. Dos soldados murieron, así como un gran número de mexicanos. Esa tarde, Foulois le llevó un ultimátum del furioso General Gutiérrez a Pershing, demandando el retiro de las tropas de los U.S.

Un desafiante Pershing garabateó la respuesta de que se retiraría cuando le fuera ordenado por el Presidente de los U.S. ó el Secretario de Guerra, misma que Foulois llevó de regreso a la Ciudad de Chihuahua. (Las alas del avión de Foulois fueron dañadas durante ese vuelo y fueron reemplazadas con las alas de uno de los aviones restantes, dejando al escuadrón con solo cuatro aviones) La administración Wilson empezó a pensar dos veces acerca de la expedición punitiva y a Pershing se le ordenó detener las operaciones mientras oficiales de alto nivel conducían pláticas acerca de la situación en México.

El 14 de Abril, Dargue y Gorrell despegaron en una misión de reconocimiento para localizar a las fuerzas carrancistas. Volaron 315 millas, un récord de distancia no oficial para ese tiempo. El Teniente I.A. Rader llevó a cabo una misión similar ese día, pero fue forzado a aterrizar en Ojitos, a casi 100 millas de la fuerza de los U.S. más próxima. Abandonó su avión, dejando al escuadrón con solo tres aviones.

Cinco días después, Dargue y Willis llevaron a cabo otra misión de exploración a la Ciudad de Chihuahua. Llevaban a bordo una nueva cámara aérea Brock capaz de realizar fotos en secuencia, pero experimentaron problemas de motor 20 millas al noroeste de Chihuahua y se estrellaron en unos árboles. Dargue no estaba herido, pero Willis quedó temporalmente atrapado en los restos del avión y sufrió la rotura de un tobillo y una severa herida en el cuero cabelludo. El avión, la cámara y las placas fotográficas habían sido todos destruidos en el accidente, así es de que Dargue le prendió fuego a los restos.

Por las condiciones de sequedad, el bosque circundante se incendió y la conflagración se salió de control, consumiendo miles de acres de campo. Los dos hombres escaparon de las flamas y empezaron a caminar hacia San Antonio, Willis cojeando en su tobillo fracturado. Después de viajar 40 millas, robaron una mula y la montaron las restantes 25 millas hacia San Antonio.

Mientras Rader, Dargue y Willis caminaban a casa, los dos restantes JN-3s y el resto del escuadrón fueron enviados de regreso a Columbus para ser reacondicionados. Los aviadores llegaron el 20 de Abril de 1916 y encontraron cuatro nuevos Curtiss N-8s, la versión de exportación del JN-4, el último modelo del Jenny. Estos fueron los primeros de los 94 JN-4s ordenados por el Ejército en 1916 (el JN-4 pronto se convirtió en el entrenador Standard de los U.S.)

Los aviadores probaron sus nuevos aviones durante la última semana de Abril y los encontraron inadecuados. Foulois no estaba particularmente impresionado. Condenó a los N-8 a primera vista, después les prendió fuego a los dos sobrevivientes JN-3s como buena medida. A pesar de la destrucción sin motivo de la propiedad del gobierno, Foulois fue promovido a mayor. Los aviadores se quejaron tan amargamente de sus nuevos aviones que los N-8s fueron rápidamente retirados de la frontera y enviados a San Diego, donde fueron utilizados en entrenamiento y experimentación. La Junta de Inspección y Asesoramiento Técnico Aéreo del Cuerpo de Señales decidió en su lugar equipar al 1er Escuadrón Aéreo con el Curtiss R-2, el cuál era impulsado por un motor de 160 H.P.

Doce R-2 fueron entregados al escuadrón en Mayo, pero los aviones que habían sido construidos muy precipitadamente tenían perdidas piezas de repuesto vitales y tenían cableado defectuoso y fugas en los tanques de combustible. Los aviones aún adolecían de compás magnético, instrumentos y juegos de herramientas cuando llegaron. Sin embargo los experimentados mecánicos en Columbus pronto pusieron los aviones en condiciones de vuelo. Los R-2s utilizados en México finalmente fueron equipados con cámaras automáticas, radios y ametralladoras Lewis, así como bombas incendiarias y explosivas (las armas nunca fueron utilizadas en México).

A pesar del uso de los aviones, el Ejército de los U.S. nunca pudo localizar al elusivo Pancho Villa. En lugar de relajar las tensiones a lo largo de la frontera mexicana, la incursión de los U.S. únicamente inflamó más la situación. A finales de Junio, un enfrentamiento entre una patrulla norteamericana y una fuerza de carrancistas dejó 12 norteamericanos muertos y otros 23 como prisioneros. Las demostraciones Anti-norteamericanas ocurrieron a lo largo de todo México y Pershing fue informado por el gobierno de Carranza que sus movimientos en cualquier dirección que no fueran hacia el norte, serían resistidos. Aunque más tropas continuaron siendo enviadas hacia México, los servicios de 1er Escuadrón Aéreo fueron siendo necesitadas cada vez menos, después de que se estableció un sistema de comunicaciones terrestres confiable.

Los pilotos del Escuadrón volaron 540 misiones en México entre el 15 de Marzo y el 15 de Agosto de 1916. El recorrido promedio de las misiones fue de 36 millas. La mayor contribución del escuadrón fue mantener la comunicación entre las columnas de Pershing, las cuales penetraron 700 millas en México. Mientras el verano de 1916 caía, los militares de U.S. empezaron a preocuparse menos de Pancho Villa y más de la Guerra en Europa. Las últimas tropas de los U.S. salieron de México en Febrero de 1917, solo dos meses antes de que los Estados Unidos entraran en la Primera Guerra Mundial.

Aunque el 1er Escuadrón Aéreo se mantuvo en Columbus hasta Agosto de 1917, la mayoría de los experimentados aviadores fueron transferidos hacia varios escuadrones nuevos que estaban siendo formados. El Mayor Foulois ascendió rápidamente todos los rangos y eventualmente comandó el Servicio Aéreo de los U.S. del Primer Ejército durante la Primera Guerra Mundial.

El General Black Jack Pershing también tuvo un Nuevo comando, pero antes de dejar el área de la frontera para tomar cargo de la Fuerza Expedicionaria de los U.S. en Europa, agradeció al 1er Escuadrón Aéreo por el “fiel y eficiente servicio y su desempeño como parte de su expedición.” El 5 de Agosto de 1917, el 1er Escuadrón Aéreo comandado por el Mayor Ralph Royce, dejó Columbus con destino al Frente Occidental.
 
 
 
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