Museos
 
Remembranzas de Nuestra Aviación Militar
 
(La siguiente transcripción es copia fiel del artículo que fue publicado en la revista N° 43 "LEGIONARIO" de Septiembre de 1954. Mexicanaviationhistory.com).

Por el C. Teniente Coronel de Aeronáutica, Bombardeador Aéreo y Piloto Aviador ERNESTO MAZARIEGOS MOSQUEIRA.

Quiero hacer justicia a los compañeros que en alguna forma han ayudado al engrandecimiento y prestigio de nuestra Fuerza Aérea Mexicana, que, aun cuando no han obtenido ningún título ni beneficio alguno en esta Rama, si han prestado su grande colaboración completamente desinteresada, porque han puesto todos sus esfuerzos leales y sinceros en favor de esta importante actividad.

Antes de proseguir nuestros relatos anteriores con las hazañas méritos y combates de nuestros primeros aguiluchos, quiero que se haga justicia a uno de nuestros más distinguidos colaboradores dentro de nuestra querida Fuerza Aérea Mexicana, quien poniendo todos sus deseos y buena voluntad y desafiando muchos obstáculos, logró que se formara el Museo de Aeronáutica Militar, autor de otras iniciativas que lograron el éxito más notable y merecido. Y es muy justo agradecerle estos meritorios servicios y no dejarlo sepultado en el más completo de los olvidos. Se trata del distinguido y pundonoroso hoy coronel de Infantería Fernando Piña Serna, quien siendo Mayor de dicha arma, causó alta en la Escuela Militar de Aeronáutica, como Jefe de Detall de este establecimiento. Más tarde ocupó algunos otros puestos de significación y responsabilidad dentro de la Dirección de Aeronáutica Militar. Nuestro glorioso México, cuna de patriotas por todos conceptos, tiene ya un Museo Militar de Aviación que con todo celo y amor cuidó con cariñoso empeño y gracias a sus esfuerzos e iniciativa, el entonces Mayor de Infantería Fernando Piña Serna formó un grupo de banderas oficiales donadas por todos los Gobiernos de nuestra amistad, los que gentilmente respondieron a esta solicitud hecha por las secretarías correspondientes.



En este Museo de Aviación Militar del que posiblemente nadie se acuerde, y sea esta la primera vez que se habla de él al México, se exhibían en riguroso orden cronológico diversos objetos que recuerdan a los visitantes los mejores triunfos logrados por nuestros audaces y valientes pilotos militares, así como los más trágicos acontecimientos.

Existía o existe un grande salón donde hoy se encuentra la Escuela Militar de Mecánicos Especialistas de Aviación; fue en aquel entonces cuando el Mayor Piña Serna instaló loe stands donde fueron colocadas las reliquias inolvidables, consistentes en fragmentos de prendas personales de los aguiluchos mexicanos, que dejaran a la posteridad el ejemplo de su sacrificio, algunas condecoraciones ganadas a cambie de peligrosas y arriesgadas maniobras y de afrontar peligros en las distintas campañas; trozos de hélices, mudos testigos de estas tragedias aéreas; también trozos de fuselajes abatidos en estas catástrofes: algunas fotografías de los que cayeron víctimas de su profesión cubriéndose de gloría. También existen para su exhibición, modelos de aparatos que en la época eran de los mejores en su género. Triunfadores en vuelos a grandes distancias y en las campañas en que tomaran parte. Hay otros trofeos muy valiosos de países hermanos y de campañas que con grandes sacrificios fueron realizadas. Estas cosas son de gran satisfacción y significación para nuestra Aviación Nacional, ya que en estos objetos están encerrados la pericia, el valor, la abnegación de nuestros heroicos Pilotos.



Respondiendo a los deseos e: iniciativa del esforzado hoy Coronel Fernando Piña Serna, por conducto de la Jefatura de nuestra hoy Fuerza Aérea Mexicana (antes Departamento de Aviación Militar), Alemania, Argentina, Bolivia, Brasil, Costa Rica, Cuba, Checoslovaquia, China Nacionalista, Dinamarca, Gran Bretaña, Guatemala, Haití, Holanda, Hungría, Italia, Japón, Panamá, Suecia, Suiza y Uruguay, por conducto de nuestra Cancillería, fueron los primeros países en enviar obsequios que fueron colocados en nuestro Museo Militar de Aviación.

Todos estos lotes son cuidados con religioso cariño por el mencionado Jefe y los empleados que tiene a sus órdenes muy especialmente los recuerdos que dejara el Capitán Emilio Carranza, cuya muerte consternó al mundo entero por su arriesgada y desinteresada hazaña.
Entre otras cosas se guarda un busto en bronce de este héroe nacional, el ataúd en que se condujeron los restos ya incinerados, fragmentos del avión trágico "México-Excélsior", el fuselaje y fierros retorcidos como si estuvieran apenados por no haber respondido a tan hermosa obra. Aún se conservan huellas del lodo del lugar donde fuera abatido por la furiosa tormera, un puñado de tierra donde cayera la víctima y su aparato; un sobre postal que se hizo circular un día memorable por todo el territorio de los Estados Unidos. Se recogieron jirones de tela de las alas de este aparato, y miles de cosas más que se encuentran en una vitrina, sirviéndole de fondo una grande bandera de los Estados Unidos de Norteamérica en la que vino envuelto el féretro al ser trasladado a nuestra amada patria. El Director de este histórico museo, hoy Coronel Piña Serna, con todo entusiasmo y respeto a estas prendas, refiere a los visitantes los detalles conmovedores de estas tragedias.



Al lado de ésta vitrina se encuentra una biela y un cigüeñal del aparato en que se realizó el primer vuelo directo de México a Ciudad Juárez, Chihuahua. Es de fabricación nacional y salió de Talleres Mecánicos de la Escuela Militar de Aviación. Lo notable dé este vuelo fue que el piloto al notar que se incendiaba el aparato, se internó en una nube para evitar una; catástrofe de mayores proporciones, logrando alcanzar su propósito. Y si bien tuvo que descender con la máquina inutilizada, logró no causar desgracias 'personales ni perecer él mismo en dicho aparato. Esto aconteció en el ario de 1927 según nota que existe en el lugar donde se encuentran colocadas estas piezas.

A continuación se encontraba o se encuentra otro lote con fecha de 1926. Y entre los varios objetos que allí se exhiben se halla un probador de costillas de alas y un fragmento de pintura sobre el fuselaje del avión en que el extinto Coronel Piloto Aviador Pablo L. Sidar, hizo su inolvidable viaje aéreo por todo el país. Sidar tiene colocados los despojos de su avión, precisamente frente al stand dedicado a su subordinado y compañero de arma Capitán Emilio Carranza.



Para todos los pilotos pertenecientes a la gloriosa Escuela de Aviación y para todos los demás pilotos militares, el año de 1924 tiene un recuerdo imborrable que se encuentra en un modelo de miniatura de los aparatos biplanos Salmson, vulgarmente conocidos como "puros", construidos en los Talleres de Construcciones Aeronáuticas de nuestro amado México, y estos aviones prestaron eminentes Servicios en la campaña del Norte en 1929, contra los infidentes durante el desarrollo de la sublevación del General José González Escobar y socios. El modelo es una reproducción exacta, ajustada a escala, y en su construcción no falló ninguno de los cálculos, ni en la práctica difirió la eficiencia de su manejo.

Los pilotos militares pensaban que estos aparatos eran ideales para operaciones militares (naturalmente en la época que se construyeron), y prestaron significativos servicios, para llenar de gloria a las armas de la legalidad.



En los demás departamentos y con la misma anotación cronológica se observaba u observan un papalote de manta utilizado para observaciones aerológicas; un fuselaje de un Farman de los primeros llegados a nuestro país; una hélice doble construida en los Talleres de Aeronáutica, que donó el distinguido ingeniero Juan Guillermo Villasana; un lanzabombas fabricado también en nuestro México y observado con magníficos resultados en los años de 1919 a 1921; una fotografía del primer mártir de nuestra aviación, egresado de nuestra gloriosa Escuela Militar de Aviación, Teniente Piloto Aviador Amado Paniagua, así como sus prendas personales de vuelo: gorra, goggles y su kepis, que entonces se usaban. Después de despedirse de sus compañeros y del público en Veracruz, para hacer uno dé sus vuelos de expedición, no regresó con vida. Se encuentra también, en otra vitrina, la hélice Anáhuac de fabricación nacional con motor Aztatl, en cuyo aparato el Teniente Samuel C. Rojas, después General Jefe de la Fuerza Aérea Mexicana, inició en México y en la América Latina su inolvidable vuelo acrobático, el día 26 de junio de 1918. En este Anáhuac aprendieron a volar los inolvidables, pundonorosos alumnos hoy generales de nuestra Quinta Arma, Alberto Vieytes y Vieytes, Samuel C. Rojas Raso, Rafael Montero Ramos, Fernando Huerta Campuzano, Zamora, y el hoy también General de Brigada Fernando Proal Pardo. Se conservan los moldes en que fueron fundidos los cilindros del motor Aztatl que usó el histórico avión Anáhuac que tripulaba el inolvidable as de nuestra aviación, General de División Roberto Fierro Villalobos, así como los modelos de biplanos y otros tipos de aviones para la instrucción que más tarde se construyeron en nuestros Talleres de Aeronáutica. Existen restos y recuerdos imperecederos de desafortunadas empresas aéreas y que consisten en un bulto del equipo usado para la primera comunicación radiotelegráfica entre esta capital y la ciudad de Mérida, Yucatán, casi todo el fuselaje y el motor Hornet del aparato-en que murió el Capitán Piloto Aviador Ismael Aduna, en Villa Unión, Tabasco, un 2 de febrero y siguen dos pergaminos orlados con autógrafos, uno conteniendo la iniciativa para la creación del museo que nos ocupa y en otra vitrina el acta de la inauguración.



En el lote contiguo se encuentra un pedazo de hélice Aeronca que impulsó el aparato en que hizo su vuelo de la Habana a México el piloto cubano Eduardo Laborde, quien sufriera un accidente en las inmediaciones de Puebla. Siguen los únicos fragmentos que pudieron recogerse de avión Fairchild en que murieron el Capitán Piloto Aviador Humberto Brutini Pulcinelli, y un Teniente alumno de apellido Vela, durante un vuelo de instrucción, al chocar con un aparato que manejaba el Mayor Piloto Aviador Adolfo López Malo, a quien acompañaba en sus prácticas de vuelo el Teniente del Ejército de Costa Rica, Jiménez León, muriendo los cuatro en este desgraciado accidente.. Se encuentra destacando de entre los demás trofeos, un águila de bronce que representa un trofeo ganado por el Primer Regimiento Aéreo, durante la semana de aviación de 1931; un fragmento del para-caídas; pedazos de los tirantes, hebillas y unas tiras de ropa: pertenecientes al Teniente Piloto Aviador Luis Gómez Unda, quien el 30 de enero de 1931, resultó muerto al caer e incendiarse su aparato Douglas y varias fotografías del accidente que sufriera el Teniente Piloto Aviador Raúl Azcarate Pino.

Se guardan fragmentos del aparato Douglas en que muriera trágicamente el Teniente Piloto Aviador Napoleón F. Rojas; en el Parque Venustiano Carranza, juntamente con otros aviadores en un choque que se produjo en el mencionado lugar y del que se informará por separado. También están en las vitrinas, las prendas de los insignes pilotos Coronel Pablo L. Sidar y Teniente Carlos Rovirosa, que fallecieron en un accidente aéreo en las costa de Centroamérica, cuando intentaban el vuelo México-Buenos Aires a bordo del aparato Mórelos. En una de estas vitrinas se guardan las condecoraciones del Coronel Sidar, su chamarra, su camiseta y su Corbata que traía puestas cuando ocurrió este fatídico accidente. Están también algunas coronas de porcelana que obsequiara el Gobierno de Costa Rica y otros países centroamericanos, así corno una colección de fotografías, donde aparecen el entonces ministro Mediz Bolio y algunas autoridades costarricenses en el sitio preciso de la tragedia donde se encontraban recogiendo los restos mortales que arrojara el mar sobre la playa. Hay un trofeo tallado en madera fina, obsequio del artista mexicano Pedro Alvarado, simbolizando este vuelo, a la memoria de Sidar y Rovirosa, objetos que son celosamente cuidados por el Coronel Piña Serna y sus demás empleados.



En otro de estos lotes del museo, se encuentran varios objetos del avión Mayab que se destrozó en un accidente ocurrido en Mérida, Yuc., y en el que perdieran la vida varios pilotos militares, entre ellos los inolvidables profesores de nuestra Escuela, Jorge Llerenas Silva v Alonso Reyes, Teniente y Capitán, respectivamente en nuestra Fuerza Aérea Mexicana.

Está a la vista destacándose de todos los demás aparatos el sesquiplano Azcárate en el que efectuó su famoso vuelo nuestro distinguido hoy General de División Gustavo G. León (el indio León); este vuelo fue de circunvalación por todos los estados de la República Mexicana; desgraciadamente, algunas personas mal intencionadas y de espíritu destructivo, le arrancaron algunos de los escudos de los distintos estados de la República que le fueron puestos al abandonar cada entidad federativa después de efectuado su itinerario.

Se dispone también un gran álbum que se conserva cuidadosamente en virtud de que en él aparecen las firmas de notables personajes mexicanos y extranjeros, y se registra en hoja especial un autógrafo que firmara el embajador del Japón al agradecer el envío de una hélice Anáhuac construida en nuestro querido México, para el ejército nipón. Existe una vitrina con las condecoraciones que han recibido los pilotos aviadores mexicanos concedidas por algunos gobiernos, encontrándose, entre otros, el distintivo del Club Internacional de la Oruga, otorgado al extinto Capitán Raúl Azcárate Pino por haber salvado su vida en dos ocasiones utilizando paracaídas (el 33 y el 15 de abril de 1931), y un lote más de cinco condecoraciones concedidas al hoy Capitán 2° Mecánico y Piloto Aviador Arnulfo Cortés Benavente, quien actualmente presta sus servicios como Inspector de Aeronáutica Civil de la S.C.OP concedidas cuando acompañó en su vuelo México-Nueva York a otro de nuestros ases, el hoy General de División Roberto Fierro Villalobos, así como al extinto Coronel Sidar en varios vuelos, y por su travesía a Centro y Sudamérica.



Figuran otras vitrinas consteladas de condecoraciones y objetos de sumo interés que usaron nuestros aguiluchos en diferentes épocas, y que sucumbieron en aras de un ideal: La conquista del espacio. Por último, en un lugar preeminente, se encuentra un elegante estandarte de la hermana República de Bolivia con su bandera, que tiene el Escudo de armas de esta nación bordado en plata y oro finos, de muy buen gusto y dignos de alabarse como objeto de verdadero arte.

Esto es, en general, lo que se conserva en nuestro Museo de Aviación Militar, que el suscrito recuerde, ignorando por mis múltiples ocupaciones fuera de la ciudad de México, si estos objetos aún son conservados en el Museo de referencia, ellos fueron recibidos por el Director del mismo, Coronel de Infantería Fernando Piña Serna, con actas e inventarios. Hay que hacer notar que este dinámico jefe militar, cuando estaba al frente de nuestra Gloriosa Escuela Militar de Aviación por el año 1929, fue autor de algunas interesantes iniciativas para el mejoramiento del plantel, implantando academias e instrucción militar al personal mecánico, para capacitarlo y para que conociera nuestras leyes castrenses, así como las obligaciones de un buen soldado. Propuso a la superioridad que los mecánicos usarán el uniforme militar en virtud de pertenecer a un arma del Ejército Mexicano, y para que no estuvieran ociosos, implantó la educación física y los deportes, formando conjuntos de futbol y basquetbol en los que tomaba parte el jefe de referencia. No conforme con haber obtenido de la superioridad la aprobación de sus sugerencias, solicitó fuera inaugurada la Galería de Fotografía en el elegante Salón de las Águilas, donde fueron colocadas las de todos los pilotos vivos y fallecidos y por último, por iniciativa de este brillante soldado, la Jefatura de la Fuerza Aérea acordó edificar frente al edificio de los Talleres de Construcciones Aeronáuticas una columna que se encuentra hasta la fecha, levantando el asta-bandera y donde se hallan inscritos los nombres de los aguiluchos que han sucumbido en distintas épocas en cumplimiento de sus deberes de soldados de la República.

Estos hechos constan en la brillante hoja de servicios de este pundonoroso y digno soldado, que perteneciera algunos años a nuestra actual Fuerza Aérea Mexicana.




 
 
 
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