Monumentos
 
Estatuas en la Plaza de la Ciudadela.
 
Dos hermosas y casi olvidadas estatuas engalanan, junto al monumento dedicado a Morelos, un parque de regio abolengo en la Ciudad de México, La Plaza de la Ciudadela, actualmente conocido como parque Morelos, testigo en días de la Revolución Mexicana de hechos sangrientos que enlutaron a la Capital del país.

Una visita a este parque bien vale la pena pues, aparte de las estatuas y una reconfortante caminata visitando el mercado cercano, es posible visitar la acual Biblioteca de México así como la Casa de la Imagen, recinto de exposiciones fotográficas. Este imponente edificio fue concluído en 1807 para albergar una fábrica de cigarros, posteriormente fue utilizado como fábrica de armas y de cuartel, de donde le vino el nombre de La Ciudadela.

La historia dice que ahí estuvo José María Morelos Y Pavón, prócer de la Independencia, preso en 1815 antes de que lo llevaran a San Cristobal Ecatepec, donde fue fusilado. Para 1912, a iniciativa de la Asociación del Colegio Militar, fue levantado el monumento a Morelos, al conmemorarse el sitio de Cuautla. La Ciudadela sirvió a Félix Díaz (hijo del depuesto dictador Porfirio Díaz) y a Bernardo Reyes junto con Manuel Mondragón que se habían sublevaron contra el gobierno de Francisco I. Madero en 1912, como refugio durante la llamada Decena Trágica (el golpe de estado a Madero) de febrero de 1913. Igualmente el 19 de febrero de 1913, ahí fueron asesinados Gustavo A. Madero, hermano del entonces presidente de la República y el Capitán de navío Adolfo Basó, quién en un enfrentamieno anterior habiendo defendido el palacio Nacional, mató a Bernardo Reyes.

De las estatuas que nos ocupamos, poco ó nada se sabe, según el historiador Manuel Ruiz Romero, fueron colocadas en los días aciagos del usurpador gobierno de Victoriano Huerta en 1913. De ser esto verdad, resultaría tal vez comprensible el porque han permanecido en el anonimato desde esa época.

Ambos monumentos, aunque bien preservados y en regular estado de conservación, muestran sin embargo los ataques de que en algún momento fueron objeto. Cuatro placas de algún metal, suponemos cobre, que flanqueaban los lados, fueron ya hace mucho tiempo retiradas ó en el peor de los casos, robadas. Es de suponer que debieron tener algún tipo de conmemoración y nombres a quienes habían sido dedicadas.

Viendo el parque de frente, a la izquierda está la estatua que más nos llama la atención, esta es la efigie de una mujer alada, de pie en la representación de una borla de nubes, a medio vestir con el torso descubierto. En la mano izquierda sostiene un pequeño ramo y en la derecha a manera de ofrecer, sostiene una hélice de innegables características, la hélice ANÁHUAC, inventada y construída por Juan Guillermo Villasana.




La estatua al extremo derecho del parque, es muy similar a la otra, igualmente de pie, pero parada más pareciera en una roca y excepto que esta figura femenina, no tiene alas, su atuendo es más cubierto y en la mano izquierda levantada, empuña el mango de lo que suponemos en algún momento fue una antorcha u objeto parecido. La mano derecha la tiene baja y no tiene nada sosteniendo. A sus pies se encuentra un marro y un objeto de formas cuadradas que no sabemos que representa, mientras que su cabeza está adornada con una especie de gorra con grandes orejeras levantadas y sobre esta, una pequeña figura al parecer de una mujer.




En si los dos monumento son hermosos y se encuentran ahí como mudos testigos de una era pasada y casi olvidada. Casi como invitando a los paseantes a que les pregunten cuales son sus escondidos orígenes. Nos atrevemos a pensar que la figura alada fue un homenaje a la aviación, desconocemos hasta el momento el año verdadero de cuando fueron colocadas, la figura alada fue utilizada en la portada del libro ALAS ABIERTAS de Antonio Teja Sabre, primera novela de tema aéreo mexicano, publicado en 1920.
 
 
 
    Mexican Aviaiton History.

  Contacto: contacto@mexicanaviationhistory.com
  Diseño y Programación por: