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Un coahuilense ejemplar.
Por: Capitán Piloto Aviador Enrique A. Guerrero Osuna.
 
En la mañana del 15 de noviembre (acuérdense de esta fecha) de 1892, en la apacible población de Cuatro Ciénegas, Coahuila, la señora María Carranza Garza, hermana de Don Venustiano, dio a luz a un pequeño saludable, a quien pondrían por nombre Alberto Leopoldo, su padre fue el señor José María Salinas Balmaceda.


Mayor Alberto Salinas Carranza. Enero 1916. Foto Tohtli.

La Revolución Mexicana, oficialmente se inició el 20 de noviembre de 1910, extraoficialmente ya habían ocurrido varios enfrentamientos y escaramuzas que debieron haber alertado al régimen de don Porfirio Díaz que la cosa se estaba “calentando”. Por esos años, el joven Alberto Salinas fue enviado, como era una costumbre entre las clases altas de nuestro país en esa época, a estudiar al Instituto Politécnico Renselaer de Nueva York. Cuando Alberto regreso a México, la situación había cambiado radicalmente. El “Ipiranga” ya había zarpado llevando al exilio al viejo dictador y Francisco I. Madero, otro coahuilense, ya era Presidente.

El 8 de enero de 1910 Alberto Braniff había efectuado su primer vuelo en los llanos de Valbuena o, Balbuena, como lo prefieran, (con “V” se escribía en esa época), en la ciudad de México cubriendo una distancia inimaginable de 500 metros en un aeroplano francés Voisin con un motor de 60 caballos de fuerza.

En 22 de febrero de 1911 vino a México una compañía a dar demostraciones aéreas, se trataba de la Moissant International Aviators, un circo aéreo itinerante que iniciaría sus vuelos en Monterrey, posteriormente en la ciudad de México y por último en Veracruz. Dejando una grata impresión en el público.

Cuando posteriormente Francisco Madero tomó posesión del cargo de Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos el 6 de Noviembre de ese año, coincidió con que la Moisant llegó por segunda vez al país. Los vuelos llevados a cabo del 16 de noviembre al 3 de diciembre una vez más resultaron muy lucidos, pero lo verdaderamente importante vendría cuando Madero asistió a una de las exhibiciones en los campos de Balbuena, esta vez uno de los aviadores franceses invitó a Madero a subirse a uno de los aparatos Deperdussin, cosa que él aceptó de buena gana y el piloto procedió a efectuar un corto vuelo llevando al presidente abordo. Los dos cruzaron intrépidos por el diáfano (en ese entonces) cielo de Anáhuac, convirtiéndose así, en el primer jefe de estado en el mundo en remontar los aires, un hecho de por sí, histórico. Al bajar del avión Madero venía convencido de la utilidad práctica de la aviación. No tardo en tomar medidas al respecto. Ordenó a sus ayudantes que se tomaran las providencias necesarias para adquirir varios aparatos.

Los hermanos Moissant, John y Alfred, después de su gira por México en 1911 regresaron a los Estados Unidos. En diciembre de ese año John muere en un trágico accidente aéreo y el famoso “circo” fue desbandado, Alfred entonces se regresa a Nueva York en donde abre una escuela de aviación en Hemstead Plains, cerca de Garden City, Long Island.

El gobierno del presidente Madero seleccionó a los “cinco primeros” candidatos para ir a tomar clases de vuelo a la Moissant International Aviators School, el de cómo o quien hizo esa selección es algo que será muy difícil aclarar, probablemente en la mente del señor Madero influyo el hecho de ser de Coahuila, quien sabe, la duda seguirá persistiendo, el hecho es que los seleccionados fueron:
Gustavo Salinas Camiña.
Alberto Salinas Carranza.
Horacio Ruiz Gaviño.
Y dos hermanos: Juan Pablo y Eduardo Aldasoro Suarez.


Los cinco “primeros”. Foto Tohtli.

El primero en graduarse fue Gustavo Salinas Camiña quien obtuvo la licencia comercial número 172 del Aero Club of America, seguido de los otros cuatro.

Al terminar sus cursos los cinco se regresaron a México a finales de 1912. Se encontraron con un país dividido. En febrero de 1913 se dieron los hechos que todos conocemos como la “decena trágica” y durante los cuales se sucedieron tiroteos y múltiples refriegas en la capital del país, lo mejor que podían hacer los habitantes durante esos acontecimientos era quedarse encerrados en sus domicilios ya que las personas que salieron a presenciar los combates cayeron abatidas en el fuego cruzado.

Lo peor de estos días aciagos por supuesto fue el asesinato del presidente Madero y el vicepresidente Pino Suarez. Con ellos se fueron muchas ilusiones de un México democrático, lo que siguió fue una tormenta que arrastró a su paso a toda la nación, el general Victoriano Huerta desató a los diablos del infierno sobre el pueblo.


Alberto Salinas Carranza. Abril 1916. Foto Tohtli.

Mayor Alberto Salinas Carranza. Enero 1916. Foto Tohtli.
Ante estos acontecimientos, el joven teniente Alberto Salinas Carranza se unió al movimiento encabezado por su tío quien le encargó organizar una “flotilla” aérea con tres de los aparatos adquiridos para que sirvieran de apoyo a las operaciones constitucionalistas. Se le ordenó pasar al estado de Chihuahua para ir a recoger los aviones Moisant (tipo Morane-Saulnier G), armarlos y ponerlos en condiciones de poder ser utilizados. Se contrataron los servicios del ingeniero Francisco Santarini para darles mantenimiento. La idea era que los aviones ayudaran a obtener una rápida victoria en la toma de la plaza de Torreón por las fuerzas villistas, realizando vuelos de exploración y bombardeo. Empero el armado (ya que llegaron en cajas) de dichos aeroplanos tomo más tiempo del esperado por lo que los aviones no estuvieron a tiempo para participar en aquellos combates.


Venustiano Carranza mostrando uno de los 3 Moisant monoplanos a otros generales. Foto Tohtli

Mayor Alberto Salinas Carranza. Enero 1916. Foto Tohtli. El mando de la Primer Flotilla del Ejército Constitucionalista se le dio al teniente, todavía no se le daba el título de piloto aviador, Alberto Salinas Carranza.


Venustiano Carranza mostrando uno de los 3 Moisant monoplanos a otros generales. Foto Tohtli

Mayor Alberto Salinas Carranza. Enero 1916. Foto Tohtli. Debido a una serie de problemas entre el general Villa y el señor Carranza que finalmente desembocaron en la ruptura entre ambos jefes, el teniente Salinas y su incipiente unidad aérea se vieron en la necesidad de tomar partido ante este divisionismo interno y se inclinaron por seguir bajo las órdenes de don Venustiano Carranza.

La flotilla, yo la llamaría “escuadrilla” por el número de aviones (3) fue una vez más reasignada a la península de Yucatán entrando finalmente en acción a principios del año de 1915 participando en los combates del Ébano y posteriormente en Tamaulipas realizando vuelos de reconocimiento, lanzamiento de propaganda y bombardeos, estos últimos se llevaban a cabo gracias a que se les instalaron dispositivos para llevar bombas bajo el fuselaje mismas que se lanzaban cuando el observador (iban dos en la cabina, que se designaban piloto y ayudante) se asomaba por una abertura hecha en la tela del ala y a puro cálculo las lanzaba.


La Escuadrilla Aérea del Ejército Constitucionalista en Saltillo, Coahuila. Foto Tohtli.

Mayor Alberto Salinas Carranza. Enero 1916. Foto Tohtli. El día 5 de febrero de 1915 encontrándose por azares del destino la Jefatura del Ejército Constitucionalista en el puerto de Veracruz, el Primer Jefe tuvo a bien expedir un documento fechado en el Edificio de Faros, sede temporal del gobierno, en el cual daba creación al Departamento de Aeronáutica dependiente de la Secretaría de Guerra y Marina y nombrando como primer jefe de ella al ahora recién ascendido a Mayor, Alberto Salinas, dándole el título de Piloto Aviador Militar para los efectos legales a que diere lugar.

El joven mayor (23 años a la sazón) se dio a la tarea de cumplir la orden que se le había encomendado y con los recursos a su alcance empezó a organizar la aviación militar lo que posteriormente vendría a ser la Fuerza Aérea Mexicana. Ya de regreso en la ciudad de México se le asignaron algunas instalaciones precisamente en los llanos de Balbuena desde donde empezaron a operar. Los aviones requerían de mano de obra muy especializada para su mantenimiento y muy pronto se vio la necesidad de contar con talleres y mejores instalaciones.


Uno de los aviones listo para emprender el vuelo, a bordo se encuentran, el piloto mercenario Leonard Bonney y el General Pablo González. Foto Tohtli.

Mayor Alberto Salinas Carranza. Enero 1916. Foto Tohtli. En la mente del mayor Salinas seguía existiendo un proyecto de organizar una escuela de vuelo para entrenar a más pilotos, finalmente logró convencer al mando y el 15 de noviembre de 1915 fueron inauguradas simultáneamente la Escuela Militar de Aviación (o EMA), en ese entonces se le designó como “Escuela Nacional de Aviación” y los Talleres Nacionales de Construcciones Aeronáuticas (o TNCA). De la EMA se graduaron en 1918 los primeros pilotos aviadores y en los TNCA se construyeron un buen número de aviones con materiales y mano de obra orgullosamente mexicanos en su totalidad. Debo aclarar que todos los aviones que se utilizaron inicialmente en la Escuela Militar de Aviación eran monoplazas, es decir, únicamente podía ir un tripulante por lo que no había sesiones de “doble control” como las conocemos ahora, en donde el alumno va acompañado de un instructor, de manera que el primer vuelo era literal y prácticamente el “primer vuelo solo”, una tradición en la aviación.


Uno de los aviones listo para emprender el vuelo, a bordo se encuentran, el piloto mercenario Leonard Bonney y el General Pablo González. Foto Tohtli.




Horacio Ruiz Gaviño junto al último de los tres Moisant monoplano, en octubre de 1916, siendo miembro de la Escuela Militar de Aviación, en donde prestó sus servicios como instructor de vuelo. Foto Tohtli.

Es necesario para mi ver en retrospectiva estos logros al parecer pequeños pero que requirieron de una gran fuerza de voluntad y entereza dadas las circunstancias históricas por las que estaba pasando nuestro país. El rompimiento entre Villa y Carranza dio origen a una lucha de facciones por el poder en la que los carrancistas, los villistas, los zapatistas y los obregonistas se alternaban en ocupar la ciudad de México y no queriendo extenderme en esos detalles históricos debido al enfoque de este modesto trabajo, solo me gustaría resaltar el hecho de que Alberto Salinas se las arregló para mantener con vida a la incipiente fuerza aérea y a la Escuela Militar de Aviación en donde como pudieron continuaron los cursos regulares, unas veces con estrecheces, otras veces sin recursos, hasta desembocar en la consolidación del gobierno legítimo de don Venustiano Carranza, la promulgación de la Constitución en 1917 y el inicio de una nueva etapa de pacificación. Al menos eso se esperaba, pero ya sabemos que no fue así. Las revueltas y las asonadas continuaron. En uno de esos giros bruscos del destino nos encontramos al mayor Alberto Salinas Carranza inmiscuido en la rebelión de Francisco Murguía en 1922, razón por la cual tuvo que abandonar el país y exilarse en Lima, Perú, posteriormente se fue a los Estados Unidos.

Cuando Alberto Salinas Carranza estimó que los ánimos se habían enfriado un poco, o que tal vez ya no existiría algún tipo de animadversión en su contra se decidió a regresar a México. Sorprendentemente la Escuela Militar de Aviación que él había fundado seguía funcionando mal que bien, no se le había permitido tener muchos avances, pero seguía en pie. Una vez afianzada la paz en el país ocupó diversos cargos, entre ellos volvió a ser Jefe de la Fuerza Aérea Mexicana con el grado de Coronel del 19 de mayo de 1939 al 16 de junio de 1940. Asimismo fue Director de Aeronáutica Civil y Senador de la República por el estado de Coahuila en la XXXVII Legislatura. En junio de 1942 se le confirió el grado de General Brigadier y en enero de 1951 ascendió al grado inmediato superior de General de Brigada. Fue nombrado Agregado Militar Aéreo en las embajadas de Washington, en los EE.UU., París, Francia, y Roma, Italia. Fue Asesor de la Presidencia y formo parte activa de la Legión de Honor Mexicana.
Murió en la ciudad de México el 31 de 0ctubre de 1970.


Alberto Salinas Carranza como Director de Aeronáutica. Foto Anáhuac.

Podría decirse, sin temor a equivocarnos que uno de los mayores logros en la vida de este coahuilense ejemplar fue haber tenido la gran visión de dar inicio a lo que con el tiempo llegó a ser la actual Fuerza Aérea Mexicana, así como haber fundado durante una época tan turbulenta la actual Escuela Militar de Aviación. La EMA este año cumplirá 97 años de estar trabajando ininterrumpidamente en bien del progreso de la aviación en México, algo, que entre paréntesis, no tiene comparación en muchas partes del mundo y de lo cual los mexicanos deberíamos estar muy orgullosos. Tampoco debemos perder de vista el hecho de que Alberto junto con su primo Gustavo Salinas Camiña, otro coahuilense, formaron lo que en la historia de la aviación en México conocemos como “los primeros cinco” pilotos, curiosamente, ninguno de ellos era militar al momento de sus estudios, lo fueron después andando el tiempo y sus vidas siguieron derroteros distintos, los cinco dejaron su huella en la historia de México, especialmente son un ejemplo a seguir de perseverancia y un valor a toda prueba. No solo fueron los primeros pilotos mexicanos, sino que también fueron de los primeros pilotos en todo el mundo, debemos recordar que la escuela Moisant apenas había sido inaugurada unos meses antes de la llegada de los mexicanos. La Primera Guerra Mundial y el empleo masivo de la aviación en acciones bélicas estaban todavía por verse.

A Alberto Salinas Carranza desgraciadamente muy pocas veces se le ha hecho justicia, parece ser que fue un hombre que poco a poco se perdió en las brumas del tiempo, sin embargo su recuerdo sigue presente. Tanto la Fuerza Aérea Mexicana como la Asociación de Ex - Alumnos de la Escuela Militar de Aviación le rinden un respetuoso tributo a su memoria cada año.

Sirva este pequeño trabajo para enaltecer su recuerdo y que su ejemplo siga siendo un haz de luz sobre las nuevas generaciones de pilotos aviadores.
 
 
 
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